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Unas horas antes de que se anunciara el gane de Donald Trump, y con la tendencia de su posible victoria, la revista Forbes publicó que el dólar estadounidense se iría al alza para llegar hasta los 24 pesos mexicanos (afortunadamente el golpe no fue TAN duro), el primer pensamiento es que toda la canasta básica irá a la alza, y en consecuencia muchos de los bienes y servicios que no son considerados como básicos, entre ellos el costo de los videojuegos, ¿Qué se puede esperar de una industria en dónde cotiza en dólares todo el mercado del continente americano? Además, los mayores mercados son los del hemisferio norte.

Aquí hay un Deja Vú, con el Brexit en el Reino Unido, para quienes no recuerdan fue el proceso de elección mediante voto popular si se permanecía en la Unión Europea o se desvinculaban de la misma, se generó una crisis monetaria que le dio una mayor fortaleza al dólar norteamericano. Esto llevó a un aumento de costo de vida de muchos países, debido a que todo se encareció por el fortalecimiento del dólar y, en consecuencia, los videojuegos sufrieron un aumento en su precio de adquisición de hasta más del 25%, que en México paso de un coste de mil pesos a uno entre 1,200 a 1,400 según la popularidad del software.

Ante estos panoramas socio-políticos que están moldeando la economía y por lo tanto los costos de producción y de los productos de importación para la industria cultural, en consecuencia, los países no productores, y que mayormente importan, están en jaque y un claro ejemplo es la industria de los videojuegos en américa latina. Dicha industria en México, y otros países de américa latina, se basa en la mera distribución y consumo de contenidos provenientes de E.E.U.U., Japón o Europa, entonces queda claro que ante la incertidumbre política que se genera por estos panoramas poco deseables, se seguirá afectando en gran medida a la incipiente industria que se tiene, de manera principal el aspecto del consumo, así como los procesos de producción debido a que la materia prima para el desarrollo de estos productos también proviene de Estados Unidos y Asia.

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A pesar de que es una realidad que los desarrolladores de videojuegos latinoamericanos van teniendo mayor presencia en la industria, de juegos móviles principalmente, estos no llegan a tener la misma visualización que empresas desarrolladoras de gran importancia que tienen sus bases en Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón y Australia. Ante el panorama político y económico que se vislumbra es pertinente el replanteamiento de lo que se busca como industria, identidad y comunidad de los videojuegos, no necesariamente desarrollarse como potencia cultural dentro de la rama, pero si como una alternativa de contenidos de calidad ante los costos elevados de las franquicias más populares.

Esta reflexión incluso puede formularse desde las desarrolladoras más importantes con representaciones en Latino américa del cómo hacer sus contenidos más accesibles, y posiblemente generar grupos de producción en dichas oficinas, es decir, reestructurar la industria de los videojuegos de manera que los países que menos producen comiencen a producir más, con estándares de calidad altos, para equilibrar un poco la balanza. Suena utópico, pero ante los discursos xenófobos y de segregación social, racial y de género, que tuvieron como consecuencia estas decisiones políticas ¿no sería un contrapeso el proveer una mayor pluralidad de opiniones y visiones de la realidad desde otras partes del mundo?