Soy gamer, y también mujer: soy “mujer gamer”, pero eso no es lo más importante sobre mí. Por mucho tiempo debatí escribir sobre este tema, pero no veo nada de malo compartir mis experiencias. No pienso indagar dentro de la cuestión feminista o el escándalo actual con el #Gamer Gate – simplemente me parece pertinente abrir un diálogo a partir de mi experiencia “como mujer” dentro del mundo de los videojuegos. En sociedad, ser mujer sólo me hace parte del otro 50% de la población. Nadie llega a mí cuando camino por la escuela o mi trabajo y me trae a mi atención que soy mujer. Sin embargo, cuando juego videojuegos, sí.girl-gamer

Ojo, no siempre es el caso que esta impresión sea negativa, de hecho, he tenido la ¿fortuna? de ser bien recibida entre jugadores hombres. Seguido me llegan compañeros o amigos a preguntarme mi opinión sobre tal juego, o a platicarme alguna noticia que leyó sobre la industria. Algunas de mis mejores amistades han sido gestadas a través del gusto mutuo por los videojuegos, y siempre con mucho respeto. En mi experiencia, la única misoginia que he experimentado en el mundo de los videojuegos ha sido a través de los modos en línea, y nunca en persona.

 

Confieso: Cuando le digo a alguien por primera vez que me gustan mucho los videojuegos, siento que estoy saliendo del closet. Nunca sé qué esperar: temo ser tachada como no-femenina, no sé si seré asumida como lesbiana (aunque no tenga nada de malo y, honestamente, sea cierto), o si seré juzgada como teta, ñoña, geek infantil. Posteriormente tengo que explicar que mi interés en los videojuegos va más allá de un gusto (o hobby), sino como interés profesional, y es ahí cuando veo cómo se abre la mirada y se escucha mi propuesta – de pronto ya no importa si soy mujer, sólo importa la pasión, gusto y trato que tengo por otro medio audiovisual interactivo que podría o no ser visto como un  juego. De hecho, la gente se sorprende más por mi afinidad a los juegos por el simple hecho de que son juguetes y yo soy una persona “seria”.

Dejando eso a un lado, sí he notado como la plataforma de interacción influye en el trato que recibo como jugadora:

He tenido suerte -quizás- en el mundo no-virtual, pero en el virtual la historia ha sido diferente, aunque no tan negativa como se suele escuchar. La única experiencia negativa donde he sido agredida por ser mujer fue en el modo cooperativo de Resident Evil 5, donde al principio comencé jugando sin micrófono, para esconder mi voz (seguido, sino es que casi siempre, cuando juego en línea opto por no utilizar el micrófono para no revelar que soy mujer y arriesgarme). Estaba jugando con un hombre de Rhode Island y como él sí usaba un micrófono, mantuvo un monólogo conmigo a lo largo de la partida. Jugamos tan padre que finalmente me pidió buscar un micrófono y con dos disparos al cielo le indiqué que sí. Total, al escuchar mi voz se sorprendió al percatar que yo soy mujer. Sin embargo, fue una sorpresa de la buena – elogió mis técnicas de juego (como si por ser mujer no debería tener una buena habilidad) y seguimos jugando por un rato hasta que él tornó la conversación amistosa a una serie de avances no-deseados hacia mí. Con mucha lástima colgué la partida. Yo iba a jugar, no a ligar.

Sinceramente, no tomé a mal las indirectas del chavo – quizás en verdad le gusté, solo que no fui afín a sus métodos, o quizás sí era un cerdo misógino machista… Nunca lo sabré, pero tampoco puedo caer en suposiciones tan polares, a pesar de sentirme siempre a la defensiva. Sin embargo, este tipo de actitudes no deben pasar por alto: Entiendo que las modalidades de juego en línea -en cierta manera- también fungen como plataforma de telecomunicaciones, y sus usos han evolucionado con el tiempo. Podemos entablar conversaciones con temáticas ajenas al juego que estamos jugando – Cuando juego Borderlands con un amigo nos ponemos al corriente sobre nuestras vidas mientras subimos de nive, por ejemplo. Lo que quiero decir es que no pasa nada quererte ligar a alguien en línea (es más, si pega el chicle, qué padre), pero sí es un problema cuando incomodas a la otra persona sin importar el método de comunicación o situación en la que se encuentre, ¿no?

Jade Raymond sosteniendo un control invisible, matando a todos en Assassin's Creed
Jade Raymond sosteniendo un control invisible, matando a todos en Assassin’s Creed

Pero, vuelvo: yo tengo miedo de jugar en línea. Cuando uso micrófono en Battlefield 4 me aseguro que solo sea cuando estoy jugando con mis amigos – solo así me siento tranquila. Me ha tocado recibir insultos solo porque descalifiqué a alguien con un headshot. También siento que yo como mujer no puedo “alardear” por ser buena en Red Dead Redemption (neta, soy el pedo – rétenme), como si mi nivel fuera directamente proporcional a la cantidad de atracción que siento hacia las mujeres (que aunque sí sea mi caso, no necesariamente es el caso de otras, y no tiene nada que ver – no caigan en estereotipos, chavos). Por ejemplo, yo no me ando ligando a una mujer cuando me la topo a media partida de Call of Duty.

No puedo hablar por todas las mujeres gamers, pero al menos yo sí me abstengo un poco de revelar mi identidad en línea porque tengo la impresión que recibiré insultos -o acoso- por el simple hecho de ser mujer. También se vale argumentar que los medios de comunicación le han dado tanta visibilidad a la problemática del acoso sexual hacia las mujeres en los video juegos que una ya espera que el caso sea rutinario. Sin embargo, puedo estar muy equivocada; hace mucho tiempo que no juego en línea mientras me comunico con un micrófono y en realidad no sé si las cosas “sigan así”. Pareciera que las mujeres gamers somos especímenes extraños cuando en realidad, al 2012, somos el 47% de la población gamer. Está bien, quizás seamos la minoría en el consumo de AAA pero la idea de que lo juguemos tampoco es descabellada.

No se asusten, solo nos gusta jugar.