La primera vez que tuve un acercamiento a la homosexualidad en los video juegos fue en el simulador The Sims del año 2000. En ese entonces, no me era muy común hablar de la homosexualidad – yo tenía 9 años – y mucho menos me pasaba por la cabeza que yo podría ser homosexual. Recuerdo mi asombro al ver que dos personajes del mismo sexo podían besarse, tener relaciones sexuales (o woo-hoo) e incluso hacer una llamada telefónica para adoptar a un pequeñín. También recuerdo sentir asombro cuando me di cuenta que no había ningún tipo de penalización por este tipo de interacciones dentro del juego. The Sims fue, en ese entonces, un refugio para la gente que, luego descubriría, “es como yo”.

The Sims me ayudó a normalizar la homosexualidad. Después de todo, si el juego no me regañaba por ser lesbiana, seguro era por que no tenía nada de malo serlo… ¿no?

En el 2011, Bethesda publica Skyrim, la quinta edición de Elder Scrolls, donde uno puede crear un personaje a su merced y hacer y deshacer lo que sea por las tierras de Skyrim. Ah, y también uno puede contraer matrimonio… con quien sea. Antes del lanzamiento del juego, los fans preguntaron por qué no se había aclarado [aún] si el matrimonio homosexual sería una posibilidad dentro del juego. Bethesda sólo contestó: “te puedes casar con quien quieras”. Lo mismo sucede en Mass Effect 3, con declaraciones similares de parte de BioWare. De nuevo, la industria de los video juegos en su intento de normalizar la homosexualidad.

En su artículo, Video Games didn’t make me gay but they did make me proud, Yannick LeJacq hace una observación muy interesante: Los desarrolladores, jugadores y críticos se refieren a estas nuevas adiciones como “gay relationships”, mientras que los habitantes -ficticios- de estos universos virtuales parecen ser completamente indiferentes a la sexualidad de los demás. Dentro del universo, la sexualidad no es ni buena ni mala, solo es, y confieso que hasta yo sentí un poco raro cuando no hubo polémica ante la unión civil de mi personaje, Elleagarad The Inghon con Adela The Huntress en una capilla de Skyrim.

Happy Forever
They look so Happy Forever

No hay homofobia en los juegos… claro, a menos que sea parte de un diálogo por propósitos narrativos, pero aún así, los desplantes homofóbicos han demostrado ser malos para el negocio. En junio de este año, Nintendo lanza Tomodachi Life, un juego cuyo uno de los enfoques principales es lograr que los Miis (pequeños avatares personalizados) se enamoren entre ellos, se casen, tengan hijos, y ejerzan el patriarcado. Sin embargo, a Nintendo se le olvidó incluir las relaciones entre el mismo sexo. Pobre Nintendo. Eventualmente, Nintendo se disculpó y prometió ser “más incluyente” en la secuela del juego para promover la “igualdad virtual”.  John Oliver lo satiriza explica mejor que yo en el siguiente video:

Más allá de crear avatares con libre albedrío, también existen juegos que ya incluyen personajes homosexuales. Por poner unos ejemplos: BioWare incluye personajes LGTB en Mass EffectDragon Age. Están también Caithe y Faolain de Guild Wars 2 y se dice que Sir Hammerlock en Borderlands 2 tiene un novio. Gone Home cuenta una historia de una niña que se enamora de otra y en el DLC de The Last of Us, se revela que Ellie y Riley ambas se gustan. Ha habido disputa sobre si los sentimientos de Ellie hacia Riley la hacen lesbiana o sólo bicuriosa, pero Niel Druckmann, el director creativo, especificó que Ellie sí es lesbiana, y que además, eso no es lo importante del personaje.

(Spoiler: se besan)

Una de las peculiaridades de los videojuegos es que el jugador puede proyectarse de una manera más profunda en el personaje que controla, a diferencia de otros medios. Como jugadora, nunca había entendido la importancia de poder expresar mi sexualidad en un espacio virtual hasta que tuve la oportunidad de hacerlo sin penalizaciones, juicios de valor ajenos, ni limitaciones. Insisto, se siente raro poder ser lesbiana en Skyrim sin problemas (porque estoy acostumbrada a recibir reacciones mixtas en torno mi homosexualidad), pero a la vez es un alivio que al menos en un lugar, nadie cause polémica ante algo que para mi, es completamente normal.