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Nos guste o no el Méxicano (como personificación) es un tema que suele relucir en los videojuegos desde el momento en el que está insertado, sin embargo uno como nacional sabe, o pretende saber, que es lo que nos identifica como tales pero en la industria cultural extranjera pareciera que todo avanza menos el prejuicio del personaje mexicano que muchas veces está encasillado en una estética fusión del Wild West norteamericano y una era revolucionaria de inicios del siglo veinte que a pesar de ya haber sido superada, por lo menos en tiempo, el prejuicio sigue instalado en esta idea del México del norte cuasi desértico sin ley regido por la violencia y poderes fácticos.

Esta estética es retomada por la famosa serie llama “Call of Juarez” que en su entrega última subtitulada “The Cartel” hace referencia a un México más moderno, sí pero con un conflicto armado complejo que el juego simplifica como una guerra contra las drogas al estilo viejo oeste, aspecto que caracteriza la saga, y que dista muchísimo de la realidad actual de ciudad Juárez en el estado de Chihuahua que colinda con el país del norte, aunque cabe señalar que hacen una notación interesante al incluir la infiltración de las organizaciones criminales a la nación Norteamericana. En una forma similar pero menos inmerso en la problemática social nos encontramos con el spinoff de Metal Gear Solid, denominado Rising, en dónde el protagonista tiene que viajar a México y su mejor disfraz es un zarape y un sombrero “grande” para disimular sus atributos cyborg en unas calles de tonalidades sepia, semidesérticas en dónde los transeúntes están vestidos de manera casual en una moda al estilo setentero y de ahí se pasa a la misión que es en las alcantarillas de la ciudad desconocida mexicana.

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Sin embargo para polémicas no deja de ser parte aguas el juego de la serie de Tom Clancy “Ghost Reacon Advanced Warfare” que está ambientado en la capital de la república mexicana y que nos muestra una ciudad más moderna, y situada en el siglo XXI, pero que no se asemeja ni por poco a lo que hubiese sido una ciudad en cualquier nación del primer mundo, además que estéticamente sigue imponiéndose el color sepia “viejo oeste” cuando la capital es una ciudad de bastantes matices, y que simplemente nos muestra un metrópoli, y hasta país, dominada por la inestabilidad socio-política, que se llega a asemejar un poco a la realidad pero aún así sigue siendo más compleja que esto, y que solamente las fuerzas especiales Norteamericanas pueden llegar a generar un orden.

Afortunadamente no son los únicos ejemplos que existen, tenemos por ejemplo el curioso remix cultural latinoamericano psicodélico de “Samba de Amigo” en dónde frases aisladas en un español mal pronunciado, con un género musical proveniente de Brasil pero que el personaje tiene el típico Zarape y el Sombrero de la estética revolucionaria, además del no menos psicodélico “Viva Piñata” en dónde se controla a una simpática piñata, en un mundo habitado por estos artículos festivos típicos de la cultura mexicana destinadas a ser destruidas a palos, pero que en el juego simplemente tienes que lograr que estos animales piñatescos logren vivir en armonía haciendo aún más colorido el ambiente.

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Por último no debe quedar fuera el aspecto de la lucha, no solo tenemos una representación bélica de lo que debe ser el mexicano desde un contexto revolucionario, o una atracción festiva que debe ser salvajemente desmembrada, este factor de pelea también es una atracción deportiva al tener la famosa “Lucha Libre” y que es representada con máscaras coloridas, al estilo viva piñata, y que llegan a parecer más coreografía surrealista que un deporte per se, y es aquí donde me quedo pensando si en verdad la teoría que proponía Mattelart en su libro “Para leer al pato Donald”, que habla de una acercamiento hacia Latinoamérica, y países del sur en general, como sociedades no “modernas” desde la visión occidental sino en ciudades estancadas en el tiempo habitadas por gente ingenua y salvaje que no entiende, ni conoce, la idea de progreso y sociedad moderna por lo que está predestinada a vislumbrarse con los artefactos de sociedades “más” desarrolladas, cosa que era creíble en los setentas pero… ¿Qué efectos tiene la globalización en está percepción del buen salvaje cuando la tecnología y el avance económico se homogeniza?, parece ser que poco porque en el fondo México, América Latina y otras víctimas del Neocolonialismo siguen siendo aquellos Buen Salvajes que vislumbraba Disney en sus historietas.